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Cuando alguien no entiende por qué se repite lo que le pasa en sus relaciones, suelo preguntarle por su infancia. La respuesta más frecuente es que fue normal, con sus cosas, como todas. Nadie le pegó, en casa había comida y cariño, y sus padres hicieron lo que pudieron. Es una respuesta sincera y, en muchos casos, también es verdad.

Sin embargo, cuando se habla de heridas de la infancia, solemos pensar en hechos graves y fáciles de recordar. Con esa idea se queda fuera una herida mucho más común y más difícil de reconocer. Es la que se forma poco a poco en las primeras relaciones, y en psicoterapia la llamamos trauma relacional.

En este artículo te explico qué es el trauma relacional y por qué de adulto lo vives como tu forma de ser. También te cuento en qué consiste una terapia para trauma relacional. La idea es que puedas entender tu propia historia con más claridad, sin buscar culpables ni en tus padres ni en ti.

Qué es el trauma relacional y por qué no se ve

Una persona me contó en consulta que su familia todavía comenta lo responsable que era de pequeña. «Fíjate qué responsable era», dicen, y ella lo resumía así: ya tenía el cartel. Desde fuera, no hay nada que reprochar a esa infancia, ya que una niña responsable no da problemas y recibe elogios. Lo que no se ve es lo que tuvo que dejar de lado para ganarse ese cartel. Tampoco se ve lo que le sigue costando, ya de adulta, no saber ser de otra manera.

Por eso hablo de un trauma invisible. No se parece a un accidente ni a una pérdida, que son hechos con un antes y un después. Eso es, de hecho, lo que solemos imaginar cuando se habla de trauma infantil. En cambio, este otro trauma muchas veces ni siquiera se vivió como algo malo.

Para entenderlo, conviene distinguir entre dos tipos de trauma. El trauma de choque viene de un suceso puntual. El trauma del desarrollo, en cambio, tiene que ver con lo que falló de forma repetida mientras el niño crecía. Por ejemplo, una madre o un padre muy sobrepasados, o un cariño que no dejaba sitio para el enfado o la tristeza. También puede ser una casa en la que era mejor no necesitar demasiado. Así, el trauma relacional es la huella que dejan esas primeras relaciones cuando el niño no encontraba respuesta una y otra vez.

A esto se suma un motivo por el que cuesta tanto reconocerlo. Buena parte de esa experiencia es anterior a las palabras, de modo que queda registrada en el cuerpo más que en la memoria. Como no hay una historia que contar, a la propia persona le cuesta entender su sufrimiento. Sabe que algo se repite, pero no encuentra de dónde viene. Al final, termina atribuyéndolo a su carácter.

Trauma del desarrollo: el dilema del niño entre el vínculo y él mismo

Para entender cómo se forma, conviene ponerse en el lugar del niño. Un niño pequeño depende por completo de quienes le cuidan, así que mantener esa relación es lo más importante para él. Cuando sus necesidades encuentran una respuesta suficiente, aprende algo muy valioso. Descubre que puede necesitar cosas, enfadarse o estar triste sin que el vínculo se rompa. Con el tiempo, esa seguridad con los demás se convierte en seguridad consigo mismo.

John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista británico, explicó este proceso con la teoría del apego. Su trabajo, a mediados del siglo XX, mostró que el vínculo con quienes nos cuidan es una necesidad básica del niño, tan importante como el alimento. Desde entonces, ha cambiado la forma de entender tanto el desarrollo infantil como las relaciones adultas. Puedes leer más sobre él en su biografía en Wikipedia. Por su trabajo, este tipo de herida también se conoce como trauma de apego. Según esta idea, la seguridad con quienes nos cuidan es la base sobre la que se construye la seguridad interna.

En cambio, cuando esa respuesta falla de forma repetida, el niño se encuentra ante un dilema que no puede resolver como lo haría un adulto. Por ejemplo, no puede pensar que su madre está desbordada y que ya se le pasará, porque no tiene con qué compararlo. Así que hace lo único que está en su mano para no perder la relación. Se desconecta de aquello que parece ponerla en peligro: deja de sentir con tanta intensidad, deja de pedir y se adapta a lo que el ambiente necesita. Otra persona lo explicaba con una frase que resume bien este dilema: «Tuve que ser la niña buena para que mi madre no lo pasara tan mal».

Estas adaptaciones fueron soluciones inteligentes, porque en su momento protegieron al niño. Gracias a ellas, pudo seguir conectado con quien le cuidaba. El problema es que, para conservar el vínculo, se desconectó de una parte de sí mismo. Por ejemplo, de algunas necesidades, de algunas emociones o de su propio cuerpo. Esa desconexión, además, no desaparece al crecer. Empieza siendo un ajuste del cuerpo y del sistema nervioso, y con los años se convierte en una forma de organizarse ante la vida.

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Cuando la adaptación se convierte en «así soy yo»

Una pareja llega a casa repartiéndose el bebé, las bolsas de la compra y la mochila

Lo que hace tan difícil cambiar estas adaptaciones es que dejan de vivirse como algo aprendido. Poco a poco pasan a formar parte de la identidad. Se convierten en ideas sobre uno mismo que se formaron para sobrevivir y que hoy se dan por hechas.

Algunas de esas ideas tienen un fondo de «algo va mal en mí». Es la conclusión que saca un niño cuando el entorno no responde. Al fin y al cabo, le resulta más seguro pensar que el fallo es suyo que pensar que falla quien le cuida. Otras ideas, en cambio, toman la forma contraria y hasta se viven con orgullo. Es el caso del «yo puedo con todo», el «yo no doy problemas» o el «yo me ocupo».

En consulta escucho a menudo frases como esta: «No me gusta tener límites, porque yo siempre he llegado a todo». Quien la dice la vive como una virtud y, en parte, lo es. De hecho, esa capacidad le ha sacado adelante muchas veces. Sin embargo, esa misma capacidad le impide parar, decir que no o pedir ayuda. Con lo cual, tiene mucho que ver con el cansancio que arrastra. Cuando una adaptación se confunde con la identidad, cuestionarla se siente como renunciar a ser quien eres. De ahí que no baste con proponérselo.

Para aplicarlo a tu caso, piensa en algo que digas de ti como si fuera un rasgo de tu carácter. Por ejemplo, «soy muy responsable», «yo no necesito ayuda» o «siempre estoy pendiente de los demás». Después, pregúntate cuánto te cuesta mantenerlo: si te deja agotada, si te impide pedir lo que necesitas o si te sientes mal cuando no lo cumples. Cuando un rasgo que los demás valoran en ti te cuesta tanto, puede que no sea solo tu forma de ser. Quizá sea una adaptación que aprendiste de pequeña y que sigues manteniendo sin darte cuenta.

Señales del trauma relacional en tus relaciones y en tu cuerpo

Este tipo de trauma rara vez aparece en grandes escenas. Más bien se nota en lo cotidiano, sobre todo en las relaciones más cercanas. Al fin y al cabo, son las que tocan lo que se aprendió en las primeras.

Piensa, por ejemplo, en una conversación en la que alguien te pregunta qué necesitas. Te quedas en blanco un momento y, casi sin darte cuenta, le devuelves la pregunta. Es como si lo tuyo pudiera esperar. Esto pasa con la pareja, con la familia, con las amistades y en el trabajo. Además, suele ir acompañado de la sensación de que no tienes un sitio propio en tus relaciones. Ocurre así aunque, desde fuera, parezcas la persona que mejor se adapta a todo. Si en tu caso se nota sobre todo en la pareja, en el post sobre qué hacer cuando tu pareja es emocionalmente inmadura encontrarás otra parte de este trabajo.

El cuerpo también lo registra, aunque no siempre lo relacionemos. Hay días en los que llegas a casa en tensión y un comentario sin importancia te hace saltar. Después, no entiendes por qué la reacción ha sido tan fuerte. Lo que ocurre es que lo que el niño dejó de sentir no desaparece. Se queda en el cuerpo como tensión o como alerta, y sale cuando algo del presente se parece a lo de entonces. Como el cuerpo reacciona antes de que la cabeza valore si hay peligro, la reacción a veces es mayor que su causa. Si te pasa a menudo, en este artículo hablo del desborde emocional.

Por otro lado, muchas personas con este tipo de historia viven una contradicción que les cuesta entender. Quieren sentirse cerca de los demás y sentir lo que sienten. Sin embargo, el miedo a hacerlo es mayor que el deseo, porque en su momento acercarse o sentir no fue seguro.

Por qué entender tu infancia no basta

Es posible que, llegados aquí, entiendas bastante bien de dónde viene lo que te pasa. De hecho, mucha gente llega a consulta con su historia muy trabajada. Aun así, cuando llega el momento, reacciona igual. Esto ocurre porque estas adaptaciones se formaron con experiencias repetidas que el cuerpo aprendió. Por eso, una explicación correcta no basta para desmontarlas, por muy acertada que sea.

En consecuencia, el trabajo terapéutico tiene que incluir a la vez lo que piensas y lo que pasa en tu cuerpo. Hace falta prestar atención a lo que sientes en el momento. También a cómo se tensa o se cierra el cuerpo cuando hablas de algo que te importa, y a lo que piensas de ti mientras ocurre. Solo así el cambio no se queda en la comprensión.

Un hombre reacciona con enfado en la cocina ante una mujer que le escucha con una taza en la mano

Terapia para trauma relacional con el Modelo Neuroafectivo Relacional

En mi consulta trabajo el trauma relacional con el Modelo Neuroafectivo Relacional, conocido como NARM. Lo desarrolló el Dr. Laurence Heller precisamente para el trauma que se forma en las primeras relaciones. Hoy lo enseña el NARM Training Institute. Además, Heller y Aline LaPierre lo explican en el libro Curar el trauma del desarrollo, del que Infocop publicó una reseña.

Lo que distingue a este enfoque es la pregunta con la que trabaja. En lugar de centrarse en por qué eres así, se fija en cómo sigues organizándote hoy alrededor de aquella adaptación. Puede ser en tu pareja, con tu familia o en el trabajo. Por ejemplo, una persona me contaba que cada vez se veía más en un estado de enfado, reproche y rabia. En esos momentos, me decía, veía a su madre. Darse cuenta de eso en el presente, sin juzgarse y sin juzgar a su madre, es el punto de partida del trabajo. A partir de ahí, la persona puede ver cómo sigue repitiendo lo que aprendió. Y, poco a poco, recupera la capacidad de hacerlo de otra manera.

Lo que más valoro de este enfoque, y lo que hace que mi trabajo con las personas sea más eficaz, es que se centra en el presente. No hace falta revivir el pasado ni volver a pasar por lo que dolió, porque lo que se trabaja es cómo esa historia aparece hoy. Por eso la persona nota los cambios en su vida cotidiana, y no solo durante la sesión.

Otra diferencia importante es la forma de entender las adaptaciones. En lugar de tratarlas como algo que hay que eliminar, se reconocen como estrategias que en su momento protegieron. Así, la persona no siente que tiene que luchar contra sí misma, y el trabajo puede ir a su ritmo sin forzar cambios.

Este enfoque tampoco busca culpables. Muchas de estas adaptaciones vienen de generaciones anteriores, y los padres también aprendieron lo que pudieron. Cuando la persona puede entender su infancia sin reproches, le resulta más fácil acercarse a su propia historia.

Por último, no intenta forzar la conexión contigo o con los demás. Se centra en identificar qué la dificulta y en trabajar sobre eso. De esta manera, la conexión aparece como consecuencia del proceso, sin que tengas que obligarte a sentirla.

Qué cambia cuando lo trabajas

Mujer que carga sola con su bebé, las bolsas de la compra y una mochila mientras abre la puerta de casa

A lo largo de la terapia, vas separándote de esas ideas sobre ti que se formaron para sobrevivir. En este enfoque, ese proceso se llama desidentificación. Detrás hay una idea que me parece muy reveladora: buena parte de lo que creemos ser no es realmente quienes somos. Así, a medida que esas ideas pierden fuerza, interpretas lo que te pasa menos desde el pasado y más desde lo que ocurre hoy.

Además, mantener esas identificaciones consume mucha energía, aunque no seamos conscientes de ello. Por eso, cuando se aflojan, muchas personas notan que les queda más energía para su vida.

También pueden pedir lo que necesitan sin tener que pelearse por ello. Y, sobre todo, se sienten menos solas en sus propias relaciones. Es lo que se conoce como crecimiento postraumático, es decir, salir fortalecido de lo que en su momento fue una dificultad.

Cuándo pedir ayuda para el trauma relacional

No hace falta haber vivido algo grave para que tenga sentido pedir ayuda. Tiene sentido, por ejemplo, cuando te reconoces en dinámicas que se repiten con personas distintas. También cuando ya entiendes de dónde vienen y, aun así, no consigues cambiarlas. O cuando te descubres culpándote por no poder hacerlo por tu cuenta. Este tipo de trauma se formó en relación. Por eso, la terapia para trauma relacional se apoya en una relación terapéutica en la que te sientas segura. Si dudas, en este post te explico cómo saber si necesitas ayuda con tu relación.

Escucha el episodio

En el episodio 9 de Transforma tu vida, «Aunque creas que tu infancia fue normal, así está afectando a tus relaciones», cuento con más ejemplos cómo se forman estos aprendizajes. Cada dos viernes hay episodio nuevo.

▶ En el episodio desarrollo cada una de estas situaciones y qué hacer en el momento: 

Siguientes pasos

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Preguntas frecuentes sobre el trauma relacional


¿Qué es el trauma relacional?

Es la huella que dejan las primeras relaciones cuando, de forma repetida, el niño no encuentra la respuesta que necesita de quienes le cuidan. Se forma con lo que se vive una y otra vez mientras se crece, sin que haga falta un hecho concreto, y da lugar a adaptaciones que se mantienen en la vida adulta.


¿Qué es el trauma del desarrollo?

Es el término que se usa para referirse a lo que falla de forma repetida en el entorno de un niño durante su crecimiento y afecta a su desarrollo. Se diferencia del trauma de choque, que se produce por un suceso puntual como un accidente o una pérdida.


¿Se puede tener trauma relacional si tu infancia fue normal?

Sí. Lo que deja huella no siempre es algo grave: puede ser crecer con un adulto muy sobrepasado, sentir que había cariño pero no espacio para lo que sentías o aprender que era mejor no dar problemas. Como formaba parte del día a día, de adulto se vive como lo normal.


¿Cómo saber si tengo trauma relacional?

No hay una prueba que lo diga por sí sola, y es algo que se valora en terapia. Suelen dar pistas las dinámicas que se repiten con personas distintas, los rasgos que vives como tu forma de ser pero que te cuesta mucho mantener, como no saber parar o no pedir nunca nada, y las reacciones que sientes desproporcionadas sin saber de dónde vienen.


¿Cómo afecta el trauma relacional a la pareja y a otras relaciones?

Suele notarse más en las relaciones más cercanas, porque son las que tocan lo que se aprendió en las primeras. Puede aparecer como dificultad para decir lo que necesitas, como tendencia a adaptarte siempre al otro o como reacciones más fuertes de lo que la situación pide, y lo mismo ocurre con la familia, las amistades o el trabajo.


¿Qué es el enfoque neuroafectivo relacional (NARM)?

Es un modelo terapéutico desarrollado por el Dr. Laurence Heller para trabajar el trauma relacional y del desarrollo. Entiende las adaptaciones de la infancia como estrategias que protegieron a la persona y trabaja en el presente, a la vez con lo que se piensa y con lo que se siente en el cuerpo.


¿Hay que revivir el pasado para trabajar el trauma relacional?

No. La terapia se centra en cómo se manifiesta hoy lo que se aprendió, sin necesidad de volver a pasar por lo que dolió ni de buscar culpables.


¿Se puede hacer terapia para trauma relacional online?

Sí. Trabajo online y de forma presencial en Madrid, y el trabajo es el mismo en los dos formatos.

Sobre la autora

Terapia y Coaching para Adultos y Parejas
Psicoterapia Relacional para Adultos y Parejas

Sobre la autora Eva Martínez Díaz, psicoterapeuta relacional integrativa con enfoque somático, certificada en NARM (un modelo de trabajo con heridas tempranas y relacionales) y especialista en Inteligencia Emocional y Relacional. Acompaña procesos de personas y parejas desde 2010, online y en Madrid. Presenta el podcast «Transforma tu vida desde tu interior».cesos de personas y parejas desde 2010, online y en Madrid. Presenta el podcast «Transforma tu vida desde tu interior».

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