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Una de las preguntas que más me hacen en consulta es esta: ¿Por qué discuto siempre por lo mismo con mi pareja? Aquí el énfasis está en el «por lo mismo». Parece que si lo discuto, si ya he dicho lo que quiero y cómo lo quiero, sería simple que la otra persona simplemente lo hiciera. ¿Por qué eso no pasa? ¿Por qué entramos en un bucle sin fin de acusaciones, reproches y justificaciones?
Un conflicto de pareja repetitivo muy común
Imagina un día cotidiano. Llegas a casa, entras en la habitación para cambiarte de ropa y allí están: los calcetines de tu pareja. De repente te entra una mala leche, un calor por el cuerpo que parece que vas a estallar de un momento a otro. Menos mal que no le tienes delante, si no… Parece mentira, te dices, se lo he dicho un millón de veces. Le da todo igual. Le importo una mierda. No valora nada. Me trata como si estuviera aquí para servirle. No me respeta.
Tu pareja llega del trabajo. Te sonríe y te empieza a contar algo del trabajo. Tú no contestas. «Ni siquiera se ha dado cuenta de lo enfadada que estoy. Ves, no me ve. Es un egoísta. Mírale, va a su puto rollo».
«¿Qué te pasa?», te pregunta. «Nada«, contestas. Él se encoge de hombros y sigue a su rollo. Igual pone la tele. Igual se prepara algo de comer. No importa. Tú te reafirmas: no le importas una mierda, sólo quiere abusar de ti, hacerse el tonto, que le des todo hecho. No te respeta y no le importas. ¿Para qué querrías a una persona así en tu vida?.
Cuando llega la discusión seguramente empezará por reprochar que una vez más ha dejado tirados los calcetines, que cuántas veces se lo tienes que decir, que si le parece normal … Seguramente él o ella empezarán a defenderse: que no se ha dado cuenta, que no es para tanto, que siempre estás de malas, que sólo te fijas en lo malo, que cuando hace algo bien tampoco estás contenta…. Y seguramente tenga razón, igual que tú.
Qué ha pasado de verdad en esta discusión
Este conflicto de pareja repetitivo es muy común. Prueba de ello son los infinitos reels y memes sobre el tema, en los dos sentidos. Ellos: las mujeres sólo sacan las cosas de quicio. Ellas: los hombres son unos egoístas y no hacen nada bien. Simple, pero desacertado y cargado de polarización y enfrentamiento. Esta visión nos hace sentir que, por un lado, yo llevo toda la carga en la pareja y del otro lado que es imposible acertar y tenernos contentas. Un callejón sin salida.
Parece que la discusión es sobre los calcetines, cuando en realidad lo que te hace daño es que sientes que te está faltando al respeto, que no te escucha y que le dan igual tus sentimientos. Esto, que es el quid de la cuestión, el grueso del problema que tenéis, sólo salió en la conversación cuando tu indignación era muy alta y en forma de reproche.
No se está resolviendo porque la otra persona no está entendiendo nada. Lo que él o ella están viviendo es que, sin haber tenido nunca la intención de molestarte o faltarte al respeto, una vez más, le recibes con hostilidad cuando lo único que quería es verte y tener un momento agradable contigo. Siente que estás haciendo una montaña, que le quieres hacer sentir mal por nada.
Lo que hay debajo de las discusiones repetitivas en pareja
John y Julie Gottman llevan más de cuarenta años estudiando por qué las parejas discuten siempre por lo mismo. Son autores de varios libros sobre la materia y John Gottman es profesor emérito en la Universidad de Washington. Una de las conclusiones a las que llegaron en sus estudios fue que el tema del que se discute rara vez es el verdadero tema, sino que por debajo hay creencias o deseos importantes para cada uno, que se viven como amenazados por el otro.
Si te paras a revisar la escena anterior por un momento, podrás ver que tu mente hace, de un salto, una asociación sobre: haberlo dicho, que no ocurra y que eso signifique una falta de respeto, una falta de valoración (en este caso) o lo que sea que en realidad te esté doliendo. Esa es la causa del dolor.
Escucha el nuevo episodio del PODCAST Transforma tu vida: «Siempre discutimos por lo mismo». En él te explico por qué sigue pasando aunque lo hayáis hablado mil veces y qué ayuda a salir de la repetición.También puedes escucharlo en Spotify · 19 min.
Por qué discutir por los calcetines no lo resuelve
Si volvemos a discutir sobre los calcetines, sobre si él o ella hacen su parte o no y por qué, nos enredamos en quién hace qué y en quién hace más. Entramos en una batalla de poder, de tener razón y de reproche que jamás nos llevará a solucionar el conflicto, mucho menos a que los calcetines se depositen en la lavadora la próxima vez. Y aunque así fuera, aunque la siguiente vez él o ella tengan más cuidado, el poso ya estaría allí, la reafirmación de las ideas que generan dolor. Porque al final, estamos de acuerdo que los calcetines siempre fueron lo de menos.
Si te preguntas por qué discutes siempre por lo mismo con tu pareja, esto no es tu culpa, ni de tu pareja. No es que tengáis un problema de comunicación o que de repente el otro se haya convertido en un monstruo insensible. Lo que tenéis es una dificultad para poner encima de la mesa vuestro dolor, vuestros miedos y la necesidad de ser tenidos en cuenta o cuidados.

¿Cómo saber el foco del problema?

En mi experiencia trabajando con parejas y familias durante los últimos 14 años, he aprendido que el enfado siempre dice la verdad. La dice de mala manera, de una manera que sólo complica las cosas pero, a fin de cuentas, es la verdad. Pero la verdad no es aquello que tú has concluido de las acciones del otro: que no le importas, que es un egoísta.
La verdad siempre viene en primera persona: que yo no me siento importante en esta relación, que no siento que yo sea su prioridad o que no me siento escuchada y tenida en cuenta. Por unos calcetines en el suelo como prueba principal en el juicio que está teniendo lugar en mi cabeza.
El problema es que cuando esta verdad sale de esta manera en base a esa razón (los calcetines), casi siempre pillaremos al otro fuera de juego, porque no ha seguido el proceso mental y emocional que nosotros hemos vivido hasta el momento de la sentencia. Y esto provocará que esta persona llegue a sus propias conclusiones: que estamos exagerando, que les tenemos manía o que somos injustos por tratarles tan mal por esa tontería.
Y si esto se repite una y otra vez, es muy difícil salir: así es como acabas discutiendo siempre por lo mismo con tu pareja.
Las dificultades que sostienen la discusión de siempre
1. Te cuesta poner un límite firme
Que lo hayas dicho, que lo hayas verbalizado o que lo hayas tallado en piedra, no significa que la otra persona lo vaya a hacer. Un límite no es lo que pides, un límite es lo que haces: no voy a volver a recoger los calcetines del suelo nunca más en mi vida. Ahí está tu límite. Porque que los calcetines estén en el suelo, no significa que tú los tengas que recoger.
2. Le atribuyes a un hecho un significado que para la otra persona no tiene
Aunque el otro sepa que eso te molesta, puede no tener sentido para él o ella que un acto concreto tenga un significado tan potente para ti. O, dicho de otra manera, que realmente pienses que te está atacando, ignorando o despreciando, por un acto del que no se había dado ni cuenta. ¿Realmente piensas eso de tu pareja? Entonces seguramente haya otras razones aparte de los calcetines, de las que tenéis que hablar.
3. Sientes que tú llevas toda la carga en la pareja
La equidad es difícil de conseguir. Creo que estarás de acuerdo conmigo en que la mitad no siempre es el 50%, sobre todo en la carga psicológica de las tareas. La carga psicológica y mental de las tareas es directamente proporcional a lo importantes que sean para ti. Es muy difícil que para tu pareja sean igual de importantes. Por este motivo es tan difícil que lo que te pesa: la carga mental, no la tarea, puedan dividirse al 50 fácilmente. Más sobre esto en próximas entradas del blog. Te lo prometo.
4. Esperas que tu pareja adivine lo que necesitas
Tu pareja podría llegar a adivinar lo que quieres, pero es poco probable que adivine lo que en realidad necesitas en ese momento, porque seguramente ni tú lo sabes hasta que no ves el calcetín sobre el suelo. Me explico. Seguramente necesitabas no ocuparte de nada ni nadie más por ese día; probablemente necesitabas sentir que alguien cuidaba de ti; es posible que necesitaras sentir la paz del orden en tu hogar para sentir que por fin podías tomarte un descanso… Pero eso no era un pensamiento que rondaba tu cabeza hasta que no te diste de frente con su ausencia.
5. Te cuesta pedir lo que necesitas
Esta es la que está por debajo de la anterior. Es posible que vinieras en el coche pensando que ya verás como no ha hecho la cena sabiendo que son las tantas y que voy a estar cansada cuando llegue… etc. así como en un runrún que no se va. Si esto es así, es posible que te sientas mal por pedir lo que necesitas: que te sientas culpable, injusto, jeta, irresponsable… En ese caso, sigue mi consejo: envía un mensaje de voz y pídelo. Y si no eres capaz, igual es momento de tomar terapia. También lo es cuando lo pides y no ocurre, porque es posible que estéis en una dinámica de pareja poco funcional.
6. No sé lo que necesito hasta que me enfado
Como decía antes, es posible que no seas muy consciente de tus necesidades. Esto pasa en perfiles cuidadores, acostumbrados a no pedir nada, personas que sienten que no merecen (aunque no lo saben), etc. En cualquier caso esto es algo muy importante y de lo que necesitas hacerte cargo. El enfado es una emoción que te dice que alguien está pasando un límite y a veces ese alguien eres tú. En este caso es una señal de que te has estado desatendiendo tanto que has perdido la brújula de lo que está bien y mal para ti, hasta que el enfado viene a recordártelo.
Cómo saber si necesito llevar esto a terapia
Si sigues preguntándote por qué discuto siempre por lo mismo con mi pareja, ya te habrás dado cuenta de que la voluntad no es suficiente. No sirve con pedir las cosas o querer pedirlas de un modo diferente. Por eso es un bucle. Después, cuando se ha repetido, regresa la culpa, el arrepentimiento o la frustración, la distancia con tu pareja y con ella los momentos de intimidad y conexión.
Es posible que hayas intentado muchas cosas para poder conseguir que haya un poco de paz en tu relación. Pero si a pesar de todo no lo has conseguido, quizá sea el momento de pedir ayuda.

Qué significa pedir ayuda
Pedir ayuda no significa que va a venir otro a hacer las cosas por ti o darte la fórmula mágica para que por fin el otro escuche. No va por ahí. Es más que tomes consciencia de qué te lleva a reaccionar así, qué hay por debajo, por qué es tan importante para ti. Porque no se trata de que anules tus necesidades o tus deseos.
No es esto tampoco. Se trata de que averigües qué hay por debajo, qué mueve tus hilos, para que puedas desarmarla o cubrirla de formas más efectivas para ti.
Saberlo te ayudará a pedir lo que realmente necesitas de una forma que la otra persona sea capaz de entender. También te ayudará a tomar decisiones que te saquen de este bucle relacional en el que te encuentras. Y la mayoría de las veces ya no vas a sentir que la única salida es separarte o no volver a ver a esta persona que te complica la vida. Todo lo contrario. Este es un viaje de conectar más contigo, de ser más fiel a ti, de tener claras tus prioridades. De saber lo que está bien para ti y pedirlo u obtenerlo sin culpa, sin sentirte mal y sin tener que perseguir a nadie en el intento.
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Preguntas frecuentes
¿Es normal discutir siempre por lo mismo con mi pareja?
Sí, es un conflicto de pareja muy común. De hecho, una de las preguntas que más me hacen en consulta es por qué discuto siempre por lo mismo con mi pareja. Que la discusión se repita no es culpa tuya ni de tu pareja, ni significa que el otro se haya convertido en alguien insensible. Suele indicar que hay algo importante para los dos que no se está poniendo encima de la mesa.
¿Qué son los conflictos de pareja repetitivos?
Son discusiones que vuelven una y otra vez por el mismo motivo aparente, como unos calcetines en el suelo, y que acaban siempre en reproches, defensas y justificaciones. Según los estudios de John y Julie Gottman, en estos conflictos el tema del que se discute rara vez es el verdadero tema: por debajo hay creencias o deseos importantes para cada uno que se viven como amenazados.
¿Por qué discutimos por tonterías?
Porque la tontería se convierte en la prueba de algo que duele más: no sentirte importante, escuchado o tenida en cuenta. Para quien se enfada, unos calcetines en el suelo significan una falta de respeto o de valoración. Para la otra persona siguen siendo solo unos calcetines, y por eso no entiende tanto enfado.
¿Qué es la carga mental en la pareja?
Es el trabajo de prever, organizar, decidir y estar pendiente de lo que hay que hacer en casa o en la familia, más allá de hacer las tareas. La socióloga Allison Daminger lo describió en un estudio de 2019 como un trabajo que a menudo no ven ni quien lo hace ni su pareja. Pesa más cuanto más importantes son esas tareas para ti, y por eso es tan difícil repartirla al 50 %.
¿Se puede ir a terapia si mi pareja no quiere?
Sí. Lo que te toca a ti se puede trabajar de forma individual: qué te lleva a reaccionar así, qué hay por debajo y qué necesitas. Saberlo te ayuda a pedir lo que necesitas de una forma que la otra persona pueda entender y a tomar decisiones que te saquen del bucle.
¿Qué es la terapia de pareja?
Es un proceso de acompañamiento psicoterapéutico para entender qué se repite en la relación y qué hay por debajo de los conflictos. Ayuda a que cada uno reconozca lo que necesita y aprenda a pedirlo de forma que el otro lo pueda entender. Se puede hacer con los dos miembros de la pareja o de forma individual.
Sobre la autora

Sobre la autora Eva Martínez Díaz es psicoterapeuta relacional integrativa y acompaña a personas y parejas desde 2010. Está certificada en el Modelo Neuroafectivo Relacional (NARM), un enfoque para trabajar las heridas que dejan las primeras relaciones, y es especialista en Inteligencia Emocional y Relacional. Presenta el podcast «Transforma tu vida desde tu interior».
